Clavadista saltando en Acapulco

La Quebrada y los Clavadistas de Acapulco por la noche.

Si hubo una imagen de Acapulco que se nos quedó grabada en la mente muchos años antes de conocerlo, es más, muchos años antes de comenzar a viajar, es la de los clavadistas que salían en televisión y en algunas viejas películas. Los clavadistas y Acapulto eran uno, no había reportaje sobre la ciudad sin una referencia a estos saltadores; así que a pesar de que Acapulco ha cambiado mucho, los clavadistas siguen puntuales haciendo sus saltos para el disfrute de quienes quieran ir a verlos.

Visita a La Quebrada y los Clavadistas de Acapulco por la noche.

La Quebrada de Acapulco es un acantilado estrecho con más de 35mts de altura. Para llegar, cogimos un taxi desde nuestro hotel para llegar a los últimos saltos del día, ya anochecido. El taxi nos dejó en la plaza de la Quebrada, allí mismo, al otro lado se encuentra la entrada al mirador de la Quebrada.

Un poco de historia sobre el origen de los clavadistas.

Al parecer, esto de saltar desde un acantilado a mas de 35mts surgió como una apuesta entre pescadores en 1934, desde entonces se popularizó y ahora existe hasta una escuela de clavadistas y un campeonato de saltos.

Además de la altura desde la que se salta que ya de por si es algo difícil de hacer bien, estos saltos conllevan el riesgo de que la profundidad del agua en la quebrada depende de las mareas y el oleaje. Por este motivo, el salto debe ser un salto perfectamente coordinado para que la entrada en el agua del clavadista coincida con la llegada de una pequeña hola que aumenta el nivel del agua.

Clavadistas listos para saltar en La Quebrada – Acapulco.

Los saltos de los clavadistas en la quebrada

Los turistas nos acercamos al acantilado tras pagar la entrada y descender las escaleras que nos llevan hasta el mirador principal, aunque hay varios sitios desde los que puedes parar a ver los saltos. Allí esperamos, a oscuras hasta que unos enormes focos alumbran las paredes de La Quebrada. Ahí descubrimos que los saltos no son solo eso. Los clavadistas comienzan su espectáculo trepando desde el nivel del mar.

Por las escarpadas paredes del acantilado suben escalando hasta llegar a la parte superior, donde frente a una pequeña capilla rezan antes de colocarse para realizar los saltos. Se colocan en su posición, esperan el momento adecuado. Levantan los brazos, los ponen en cruz, los vuelven a levantar y saltan.

Al otro lado estábamos los turistas, observando con detenimiento cada movimiento. Pendientes casi tanto o más de las olas como los propios clavadistas, un pequeño grito y ahí van.

Saltos simples y con acrobacias que apenas duran 2 o 3 segundos y que terminan con los clavadistas sumergidos en el mar, saliendo a la superficie y volviendo de nuevo a trepar por la pared.

En la siguiente secuencia de fotos se puede apreciar el comienzo del salto, el giro y el clavado del clavadista

Durante un buen rato, los clavadistas estuvieron realizando saltos que nos dejaban con la respiración cortada a todos los que desde el mirador esperábamos los saltos.

Ubicación del Mirador de Quebrada

El mirador se encuentra en la zona histórica de Acapulco. Su dirección exacta es Avenida Adolfo López Mateos, Las Playas, Acapulco de Juárez, Gro., México

Alojamiento en Acapulco.

En Acapulco hay más de 500 alojamientos, muchos de ellos grandes hoteles en primera linea de playa, pero también hay alojamientos más modestos que pueden ofrecer al viajero lo que busca según su tipo de viaje. Lo mejor, como siempre, es comparar precios y servicios previamente, algo que hoy en día con internet es fácil de hacer.

Otras cosas que hacer en Acapulco

En Acapulco puedes visitar alguna de sus playas más alejadas, ir a la Isla de Roqueta, a la laguna de Coyuca, visitar el Museo Histórico de Acapulco, pasear por el zócalo de la ciudad o pasear por el Parque Papagayo.

Nuestro viaje por el centro de México

Anselmo
Informático, Viajero, aficionado a la fotografía, montañero, cervecero... me encanta viajar desde que tengo mis propios ingresos e intento disfrutar de cada minuto libre para practicar mis aficiones, que no son pocas.