Niebla en Ribadeo – La playa de las catedrales

El 6 y 7 de octubre estuve con mi madre, que hacía años que no veía el mar, en el Parador de Ribadeo (Lugo), que aunque no ocupa un edificio histórico, como suele pasar con otros Paradores, está muy bien; al menos la habitación que teníamos y el desayuno bufet.

El precio, no me lo preguntéis que no lo sé, pero el cómo llegué a caer en el Parador sería para escribir otro capítulo , así que, para otro día.

Nuestra habitación daba a la ría que une el Mar Cantábrico con el río Eo y a su vez separa Galicia de Asturias.

Ribadeo sólo tiene nueve mil habitantes y su principal atractivo, desde luego, es la ría. Tiene puerto, con lonja abierta al público (no pudimos verla porque no abre ni domingo ni lunes) y un faro.

Lo malo es que pillamos días de bastante niebla en los que no se podía ver a un palmo de narices. Nos movimos en coche.

Foz y Alrededores

El domingo fuimos hasta Foz, que si no me equivoco está como a unos veinte Kilómetros de Ribadeo. Tiene una playa enorme, aunque con el día tan desapacible que hacía, no vimos por allí más que a un señor paseando al perro. Anduvimos descalzas por la arena dejando que las olas nos besasen los pies. Con la niebla, era lo único que se veía precisamente: las olas que llegaban hasta nosotras. Después pusimos rumbo hasta una basílica prerrománica muy bonita cercana a foz: San Martín de Mondoñedo. Está en lo alto de una colina en un pueblecín entre montañas. Como siguiendo la costa hacia el oeste vimos que la niebla no remitía y lo que nos interesaba, sobre todo, era ver el mar en todo su esplendor, tiramos hacia el este de Ribadeo. Es decir, a la zona asturiana. Seguía neblinoso. Qué decepción!

Viveiros

Menos mal que anduvimos bastantes kilómetros hasta llegar a Viveiros un pueblecito al borde de los acantilados con un puerto precioso.

Allí se veía un poco más claro el panorama y estuvimos un buen rato viendo romper las olas contra las rocas y luego comiendo en un merendero que hay en las inmediaciones, con unas vistas inmejorables.
A Ribadeo llegamos prontito y fuimos a Isla Pancha. En ese pedacillo de tierra hay dos faros, aunque no se pueden visitar porque la isla es privada. Por allí vimos a varios paisanos pescando con caña. Luego nos fuimos al centro cultural, que había teatro. El recinto está bastante bien, pero la obra que vimos y los actores… Sin comentarios. Sólo diré,…malos no,..peores. Tendríamos mala suerte ese día. Cenamos luego en un restaurante cerca del Parador de cuyo nombre,… no es que no quiera acordarme,… es que no me acuerdo! Sopa de pescado, pulpo,… 12 euros por cabeza. Muy bien.

El día siguiente también amaneció con niebla, aunque algo menos, así que nos animamos a ir a la Playa de las Catedrales, a nueve kilómetros hacia el oeste (la parte gallega). Es impresionante. En mitad de la arena de la susodicha playa están plantados unos enormes bloques de pizarra que dejan ver todos sus estratos. Me sorprendió ver que está bastante acondicionada la zona y que a pesar de ser un lunes de octubre, había bastante gente. Metimos los pies en el agua helada. Nos costó salir de allí. Hacía muy buena temperatura y mi madre estaba alucinada y encantada con el paisaje. Se nos pasó el tiempo volando, mientras subía la marea e iba llegando a las rocas.

A la vuelta ya, camino de Segovia, paramos en Taramundi (pueblo asturiano en mitad de la montaña. Es famosa su cuchillería artesana). Yo pensaba que tendría arquitectura más tradicional, pero no. Lo mejor, el entorno.

Desde la A6 paramos en Astorga a ver la catedral, el Palacio de Gaudía (cerrado ya a las 6,30) y a comprar mantecadas y chocolate ¡buenísimo!

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