

Camino de Santiago
Empezar el Camino de Santiago desde Sarria es como lanzarte a una gran aventura sin necesidad de recorrer todo el país. Es el punto perfecto para quienes hacen el Camino por primera vez: ni demasiado largo ni demasiado corto, con paisajes preciosos y ese ambiente peregrino que engancha desde el primer paso.
Pero claro, nadie nace sabiendo… y es fácil cometer algunos fallos que pueden arruinarte la experiencia. Por eso, aquí te contamos los errores más comunes y cómo esquivarlos para que disfrutes el Camino como un auténtico veterano.
Índice
Muchos piensan que el Camino es un paseo largo, pero la realidad llega en forma de agujetas y ampollas. Por tanto, si llevas meses sin moverte del sofá, no esperes que tus piernas se conviertan en las de un atleta el primer día. Prepararte un poco antes de salir de Sarria te ahorrará más de una queja y muchos “¿quién me mandaría a mí meterme en esto?”.
Lo ideal es empezar a caminar unas semanas antes, con mochila y calzado similar al que usarás. Así te acostumbras al peso y a la distancia, y llegas más confiado. Y ojo, esto no es una competición. Si el primer día te emocionas y haces 30 kilómetros sin parar, acabarás destrozado. Mejor dosifícate y guarda energía para lo que viene.
Este es el clásico error de novato. La mochila no es un armario con patas, y cada kilo extra se siente como si llevaras piedras. El “por si acaso” es el enemigo número uno del peregrino feliz. Entonces, cuantos menos trastos, mejor.
Lo importante es que vayas cómodo, ligero y libre. Una mochila pequeña y práctica te permite caminar sin sufrir y disfrutar de cada paso sin pensar en lo que llevas encima.
Ahora bien, si hay algo que puede convertir un día bonito en una pesadilla, son las ampollas. Estrenar botas nuevas en Sarria es casi como invocar al dolor. Por más tentador que sea lucir calzado recién comprado, el Camino no es una pasarela.
Lo suyo es usar zapatillas o botas que ya hayas probado, que se adapten bien a tu pie y te resulten cómodas. Ten presente que el terreno gallego tiene de todo: asfalto, tierra, piedras, barro… y unos zapatos mal elegidos pueden ser tu peor enemigo.
Finalmente, muchos empiezan obsesionados con alcanzar Santiago lo antes posible, pero, como mencionamos anteriormente, el Camino no es una carrera. De hecho, cuanto más prisa tengas, más te pierdes lo bonito. La magia está en lo que pasa entre Sarria y Compostela: las aldeas, los olores, las risas, el cansancio compartido.
Cada etapa tiene algo especial, y los momentos más memorables suelen surgir cuando dejas de mirar el reloj. A veces basta con sentarte en un muro, ver pasar a la gente o disfrutar del silencio del bosque gallego. Así que, más que caminar para llegar, camina para vivirlo.
En definitiva, hacer el Camino de Santiago desde Sarria es una experiencia que engancha, sobre todo si vas con la mente abierta y el equipaje ligero. Siguiendo estos consejos, disfrutarás de cada etapa sin prisas, sin estrés y con la satisfacción de reconectar contigo mismo.
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