Venezuela 06

Un viaje a Venezuela es necesario. Un viaje de vez en cuando a algún sitio por conocer es necesario.Cuando estás allí disfrutas de todo lo que ves, de todo lo que haces, de la gente, su filosofía de vida, los paisajes, la fauna, el clima…Cuando llegas a casa y vas poco a poco rememorando momentos y recordando lo que has vivido, la sensación de haber hecho algo alucinante va creciendo, te vas dando cuenta de todo lo que has aprendido… cosas tan simples como la vida misma notas cómo van sedimentando en tu memoria, van formando parte de tu vida, de tu conocimiento, y vas notando con ilusión la seguridad de que ya van a quedar ahí para siempre, formando parte de tí, de lo que has vivido y por tanto de lo que eres.

Lo que os ha ido contando Anselmo durante nuestro viaje es un resumen de las zonas que hemos recorrido, y de los lugares que hemos visto, de las principales experiencias que hemos vivido… pero creedme, no se puede hacer más para transmitir nuestro viaje.

Si alguien quiere saber lo que se siente cuando después de 3 días atravesando cataratas y selva consigues ver el Salto Ángel, tendrá que ir él a verlo; ninguna foto puede contártelo.

Si alguien quiere saber lo que se siente viendo una puesta de sol desde una canoa en medio del Delta del Orinoco, después de haber aprendido cómo se esquiva una tormenta, tiene que ir allí y experimentarlo; ningún relato puede transmitírselo.

Atardecer Delta Amacuro - Venezuela

Atardecer Delta Amacuro – Venezuela

Si alguien quiere saber lo que es dormirse escuchando los sonidos del bosque y de los Tepuis, mezcla de la naturaleza y la leyenda, o despertarse con los aullidos de los monos aulladores… no puedo contárselo.

Si alguien quiere saber lo que se siente andando o cabalgando por una región muy parecida a la nuestra, pero en vez de ir viendo golondrinas, lagartijas, truchas, arroyos… pasar a cada tramo entre cocodrilos, ibis rojas, garzas, cormoranes, capibaras, pirañas, ríos enormes… lo siento, no puedo contarlo, debéis ir y verlo vosotros mismos.

No puedo añadir mucho más al relato de Anselmo, aunque parezca un resumen, que lo es, es muy difícil contar un viaje como éste. Os podemos contar lo que hemos visto y animaros a que lo veáis con vuestros propios ojos, porque detrás de este viaje no hay sólo unos lugares donde hemos estado y que hemos conocido; hay experiencias, hay personas, hay un mundo entero de sensaciones, descubrimientos, sonidos, sabores, colores y olores…

Sólo deciros la importancia de poder conocer y hablar con toda la gente que te encuentras por el mundo; los que te transmiten todos sus conocimientos sobre los animales de cada sitio, las leyendas, sus creencias, sus idiomas, antiguos dioses, la zona, el país, las costumbres, su Historia, sus historias; los que como tú están disfrutando y compartiendo contigo todas las experiencias, llegados de otros países u otras zonas del mundo, alucinan contigo y se ríen contigo, aprenden como tú, ven como tú cosas por primera vez, y se fragua un aprecio mutuo, aunque en muchos casos ni siquiera hablemos el mismo idioma; los que con sus opiniones e ideologías te dan una pequeña pero fiel visiòn de la situación económica, política y social del país; los que te enseñan otras formas de vida; los que se meten contigo a bañarse en el río y el resultado es un momento, que puede ser toda una vida, en el que blancos, mestizos, negros, mujeres, hombres, niños, orientales, occidentales, de distintas religiones, comparten un chapuzón, aguadillas, risas y toda su vida por unos instantes, y todo ello se puede recoger con una simple foto…

Andrés y Rebeca los niños del avión, Guillermo y María los de Ciudad Bolivar, y Chiqui su perrita, Peter el vegetariano jubilado que recorre sudamérica con su bici, el capitán Surbarán que conduce su avión mientras estudia las ofertas del súper, Demetrio de la etnia pemong, Matilde la danesa, Oscar el indigena que tiene un libro, Ninotchka nuestra anfitriona en Piacoa, Alfon y Gonza los de Leioa, Ildefonso el warao que nos hizo de guía por el Delta, los gallos de pelea de Isla Santa Catalina, Roger el alemán de Piacoa que todo lo sabe, todo lo cuenta, Serge, Joelle y Venera los suizos fiesteros, Manuel y Ender los guías polivalentes, Giancarlo el conductor 4×4, Bernie el carpintero de california, Kang Wang el japo-americano, Claudio el suizo y Bettina caracebolla cuerpopuerro, Félix el otro suizo maleducado, Mónica y su amiga también suizas, Orlando el llanero alias “eddy murphy”, los viejos y rebeldes caballos de Orlando, Condoro “el cóndor de la noche”, Ana Karina, Mariana, Jorwa y los otros niños de los llanos, Mar y Basi las ibicencas, Juan el guía valenciano que se lió con la de ibiza, Sergio y Gurenda de Durango, y Nacho el marino de Portugalete que casi se le come un caballo en los Andes, David el italiano, Laura la del “Hoyo del Queque”, Rodolfo el argentino errante, los argentinos de Bariloche que rodean américa con su coche, Caralechuga, los perros de Puerto Colombia que no podíamos deshacernos de ellos y ahora echo de menos, Bayroni y Lourdes las caraqueñas de choroní, los “diablos rojos” danzantes de Miranda…

Todos ellos forman parte del relato que os ha contado Anselmo, todos forman parte de nuestro viaje, todos son portadores de alguna pequeña historia que adornará nuestros recuerdos por un tiempo… o para siempre; y seguro que con algunos de ellos, algún día, nos volveremos a encontrar.

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