Sitges en una tarde y con niños

En nuestra corta escapada de un fin de semana en el Alto Penedés dedicamos una tarde completa a visitar Sitges con niños. Darnos el primer chapuzón del año en la playa, comer por allí y pasear un poco entre las callejuelas de la zona antigua de la ciudad fue lo que hicimos.

Llegamos aproximadamente sobre las 13:00 horas y fuimos directamente a la zona de playas. Era domingo y todas las calles próximas a la al paseo marítimo estaban abarrotadas de coches, así que no nos quedó mas remedio que dejar a los niños debidamente acompañados en la playa e ir a buscar un parking para dejar el coche. Gran error, pues nos costó la tarde 22€ por coche.

Estuvimos un par de horas en la playa, unas playas de arena que tienen espigones cada pocos metros, supongo que para evitar que se las lleve el mar y parar un poco el oleaje que este día era bastante calmado. Estuvimos jugando con los críos y remojándonos un poco antes de ir a comer y hacer un poco de turismo.

Dejamos todos los trastos playeros en los coches y fuimos a buscar donde comer. Acabamos en un bar que no tenía cocina, ni aire acondicionado, la verdad, no nos fuimos porque ya era tarde. Tardaron más o menos 1 hora en traernos el primer plato y éramos la única mesa, vamos que unos macarrones y un pollo asado no se tardan tanto en hacer. Como no tenían cocina, lo pedían al bar de al lado, total que estuvimos unas 2 horas para comer y para colmo los postres, unos helados a los que la cadena del frío es algo que les resultaba hasta extraño.

Después de comer, decidimos pasear un poco por la zona peatonal. Pasamos por la Plaça industria, llena de terrazas, y continuamos por Carrer de les Parellades para volver al paseo marítimo y dirigirnos hacia la zona antigua de Sitges. Este pequeño paseo nos sirvió para comprobar con nuestros propios ojos que Sitges es por méritos propios la ciudad de ambiente gay por excelencia, además, en multitud de bares y colgado de farolas había carteles indicando las fechas de la próxima fiesta gay, el Sitges Gay Pride.

Desde el paseo marítimo caminamos hacia la iglesia de San Bartomeu i Santa Tecla. En nuestro camino dejamos de lado, junto al club náutico, camas elásticas y un pequeño minigolf ambientado en Piratas del Caribe. Desde este punto y por unas escaleras se llega hasta la puerta de esta iglesia. Nada más subir, nos encontramos a nuestra derecha un gran cañón de bronce colocado sobre el muro que hay en el acantilado y apuntando hacia el mar. Junto al cañón, escrita en azulejos,  la siguiente “leyenda”.

Cañon Sitges

Cañon Sitges

Sacad ese cañon hoy atrapado
– muriendose su bronce de tristeza –
entre las piedras de la fortaleza
que el Baluarte fuera en el pasado.

Ponedle frente al mar adelantado
guardian de Sitges y de su riqueza
material y moral, como así reza
la leyenda que el pueblo ha recreado.

Hace siglos, se dice una doncella
de nombre Tecla, sitgetana y bella
lo disparó contra el brutal corsario
defendiendo el honor de sus hermanas
que en su ayuda voltearon las campanas
desde el firme bastión del campanario.

Carlos Ballester – Sitges 1977

Sitges - Carrer Follonar

Sitges – Carrer Follonar

Tomamos aquí la carrer de Follonar. Junto a la pared de la iglésia, a la sombra, varios vendedores ambulantes exponían en el suelo sus abalorios hechos a mano. Justo antes de llegar al arco que pasa sobre la calle y pocos metros del palacio de Maricel, tomamos un pasaje estrecho que sale a mano izquierda y que tiene por nombre 5th Avenue, que nos llevó hasta la plaza del ayuntamiento donde se encuentra el museo Bacardí Martini.

Llegó el momento de descansar un rato y que los niños jugasen un poco. Continuamos bajando por la Carrer de la Davallada hasta que llegamos a un callejón sin salida, el callejón queda a mano izquierda y tiene una terraza y al fondo un pequeño parque infantil con columpios, balancín y un tobogán. Aquí descansamos un rato a la sombra tomando unas cervezas mientras los más pequeños estaban entretenidos entre los juegos y las idas y venidas a nuestra mesa para pedirnos patatas, agua y helado.

Continuamos, tras este pequeño descanso, nuestra pequeña ruta hacia la plaça de Vidal i Quadras desde la que se veía la playa de Sant Sebastiá, una pequeña playa pero muy bonita, en la zona menos moderna de Sitges. Desde esta plaza volvimos a tomar la carrer Follonar, para pasar frente al Museo Cau Ferrant, el Museo Maricel del Mar y el Palacio Maricel, y llegar de nuevo a la portada de la iglesia desde donde descendimos las escaleras que llevan al paseo marítimo (se puede bajar también por el lado opuesto a estas escaleras), desde donde fuimos a por los coches para volver a Pontons, en el Alto Penedés, donde teníamos nuestro alojamiento.

Una tarde intensa para visitar Sitges, pero mereció la pena.

¿Y vosotros? ¿Habéis visitado Sitges con niños?¿Algún consejo?

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Sobre el Autor

Informático, Viajero, aficionado a la fotografía, montañero, cervecero... me encanta viajar desde que tengo mis propios ingresos e intento disfrutar de cada minuto libre para practicar mis aficiones, que no son pocas.

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