GR11 – Senda Transpirenaica de Burguete a Sallent de Gállego – Agosto 2014

Ya advertí en el artículo de 2009, que si volvía a hacer un tramo del GR11 o Senda Transpirenáica sería en verano y con tienda de campaña. Y dicho y hecho. Esta vez comenzamos la travesía en Elizondo. Iba con gente que quería hacer esas etapas y a mí no me importaba repetir, pero las obviaré aquí y comenzaré mi crónica en Burguete, donde lo dejé la vez anterior. A los que estéis interesados en los primeros tramos de esta senda, os remito al citado artículo

Consideraciones previas al GR11 – Senda Transpirenaica

A diferencia de la vez anterior, como he comentado, llevábamos tienda de campaña y saco de invierno, que te ofrece mucha más seguridad, ya que si tienes cualquier percance, se te echa la noche encima, te pilla una tormenta, no quedan plazas en los albergues u hoteles… o simplemente te cansas, puedes plantarla en el primer llano que veas, y más si no sabes qué refugios libres te vas a encontrar a lo largo del camino ni su estado. En general, si la plantas anochecido y la quitas pronto por la mañana, no te van a multar, aunque sea una zona donde no se permite la acampada libre.

El inconveniente, es el peso. Nosotras llevábamos una tienda ultraligera para tres personas (mi hermana, una amiga y yo), que aún así, pesaba tres kilos. Entre eso, los sacos, la comida, algo de ropa (lo mínimo), el frontal, jabón para lavar… en fin, que llevábamos las mochilas demasiado cargadas, sobre todo por la comida, que nos pasamos. A veces hay que llevar suficiente para dos o tres días, si no prevés pasar por ninguna población. Otros montañeros cargaban con un camping gas ligero y comida deshidratada; mientras que nosotras, con fruta, frutos secos, embutido, etc. A Dios pongo por testigo, de que para la próxima, la gestión mochilera será distinta.

Para esta travesía utilizamos GPS. Y como los fallos técnicos existen, conviene llevar también mapas. Es verdad que el tramo navarro está muy bien marcado (los oscenses, en cambio, escatiman en pintura) pero aún así, es relativamente fácil perderte por un despiste o si baja la niebla. Mi hermana se descargó los tracks del GPS y mapas en la web www.wikiloc.com y completamos la información en otra web, que en 2009 no existía, por cierto: www.travesiapirenaica.com. Está muy bien porque describe las etapas y reseña alojamientos. Los tiempos que marcan aquí, así como los que vienen indicados en la guía Prames GR11 y en los carteles que encontramos a lo largo del camino, son bastante optimistas. Hay que sumarles las pausas que realices, que en cinco horas de caminata, alguna vez, aunque sea poco, paras a comer, a beber o a airear los pies.

Os aconsejo consultar ambas webs para conocer detalles más técnicos. Yo me centraré más en contar nuestras vivencias.

No hay mucho tráfico humano por estos parajes; salvo en las cercanías de pueblos y en los ibones de Estanés y Anayet, del Pirineo aragonés, donde había hasta excursiones de niños. Sólo una mínima parte de las personas con las que hemos coincidido, hacía el GR11, pero sí es verdad que como somos chicas sociables, terminamos haciendo cuatro o cinco etapas con una pareja de pamplonicas y su perrita y que en muchas metas de cada jornada coincidíamos con dos parejas de catalanes y cenábamos o nos tomábamos algo todos juntos; otro aliciente para hacer esta ruta.

De Burguete/Auritz a Villanueva de Aezkoa/Hiriberri – Martes 12 de agosto – 17,2 km / Desnivel: (+640 m.), (-580 m.)

El antiguo trazado del GR11 iba por Roncesvalles y Puerto de Ibañeta; el actual discurre más al sur.

Salimos a nuestra hora habitual (7:45 h.) de la pensión Juandeaburre, de Burguete (27 euros habitación doble; 17 individual). El paisaje hacia Villanueva tiene poco reseñable hasta Ordaba, un pueblillo que hay de camino, donde paramos a comer unos bocatas sentadas en las escaleras de la iglesia. Hay una tienda, un bar, y poco más. La bajada desde Ordaba y, sobre todo la subida a Villanueva por un paisaje de monte bajo todo verde y lleno de flores, a pesar de ser agosto, fue lo más pintoresco de la etapa.

Llegamos a Villanueva a las 15:30 y preguntamos por alojamiento. Sólo estaba disponible una casa rural, a 30 euros/noche, con desayuno. Tiene buena prensa, pero se no salía un poco de presupuesto, así que decidimos quedarnos en el frontón del pueblo con los sacos. Cambiamos de opinión cuando supimos que se quedaban también un grupo de treinta personas. En el bar del pueblo, que está, según vienes de Burguete, a la izquierda, nos recomendaron acampar al lado del cementerio y así lo hicimos; nosotras, la pareja de pamplonicas y dos veinteañeros muy graciosos, carne de festival veraniego más que de GR11: llevaban mochilas de 20 kg llenas de artilugios inútiles.

En el bar de Villanueva cenamos todos juntos estupendamente. Nos sirvió una señora muy amable unos platos combinados cocinados con cariño: patatas fritas de verdad, lechuga que le vimos arrancar de la huerta, tomate frito casero…

De Villanueva/Hiriberri a Ochagavía/Otxagavía – Miércoles 13 de agosto – 20,6 km / Desnivel: (+840) (-1000)

De madrugada nos despertó la lluvia y una ventisca que pensábamos que nos iba a rajar la tienda. A las 6:30 en cuanto vimos que paraba un poco, recogimos y empezamos la ruta con un repecho desde el que íbamos viendo cada vez más pequeño Villanueva para entrar después en un hayedo precioso, más auténtico visto a través del chirimiri. Al rato de salir del bosque, en una pradera, empezó a soplar un viento infernal. Así que lo que podría haber sido un agradable paseo se convirtió en una pequeña tortura entre el viento, la lluvia y que no veíamos nada a dos palmos de nuestras narices. A punto estuvimos de parar a algún coche al cruzarnos con la carretera que une Ochagavía y Casas de Irati, pero finalmente continuamos subiendo, precisamente porque quedaba poco tramo de subida y pensamos que al bajar y entrar de nuevo en el bosque, el viento, al menos remitiría. Así fue, pero todavía nos costó otra hora hasta que el clima se hizo soportable. Gracias al GPS pudimos orientarnos sin necesidad de perder tiempo buscando las marcas.

Por lo que pudimos intuir después con un mapa 3D delante, nos debimos perder unas vistas espectaculares. Atravesamos cresteando la Sierra de Abodi hasta el Paso de las Alforjas.

La bajada fue más distendida, por la tregua del tiempo y porque nos encontramos con la pareja de Pamplona y nos consolamos pensando que no éramos las únicas locas que habíamos subido hasta el Paso de las Alforjas con ese día de perros :-).

Cómodamente descendimos pasando por el Santuario de Muskilda hasta Ochagavía. Tardamos sin parar prácticamente y yendo más que ligeritas, que no estaba el tiempo para entretenerse , siete hora y en todas partes te pone cinco y pico. Sospecho que son los legionarios quienes marcan los tiempos de las rutas.

Llegamos calados a Ochagavía y tuvimos suerte porque buscamos una casa rural y dimos con una enfrente del frontón – Aisko Etxea – que está genial. La encontramos después de buscar un buen rato, ya que preguntamos por lo menos en cinco. Nos cobraron 57 euros para una habitación para tres – doble con cama supletoria – y nos amablemente nos cedieron un garaje grandísimo para que tendiésemos tienda, ropa, botas… todo empapado. Y no pusieron pegas a que se quedase el perro de los navarricos. En Ochagavía hay también camping, si bien nosotras teníamos claro que nos habíamos ganado una casa rural, y varias tiendas. Y un restaurante llamado Jatetxea donde cenamos estupendamente a un precio razonable: 14 euros.

Llegada a Isaba, con los pies haciendo chof chof

Llegada a Isaba, con los pies haciendo chof chof

De Ochagavía/Otxagabia a Isaba/Izaba – Jueves 14 de agosto – 21 km / Desnivel: (+730)(-730)

La ruta nos pareció bastante sencilla, ya que hasta la mitad aproximadamente, discurre por una pista forestal que va ascendiendo suavemente. El paisaje no es tan vistoso como el del resto de etapas. Después de la pista tomamos un camino estrecho bordeado por helechos, que sube primero y baja hasta Isaba después. Nos quedamos en el albergue (13 € si llevas saco). No estaba muy lleno. Terminamos juntándonos con unos chavales madrileños y unas catalanas que conocimos esa tarde.

Llevábamos ya alguna ampolla importante. Hablaré de la mía que es la que conozco. Estaba en el talón y era de tamaño considerable. La exploté en Villanueva y después (esto es un truco que no conocía hasta este viaje) con un salvaslip pegado fui tirando bien. Los Compeed, al parecer, hay que ponerlos antes de que el destrozo este hecho.

De Isaba/Izaba a Zuriza y a Selva de Oza – Viernes 15 de agosto – 26,4 km

Nos vinimos arriba y juntamos dos etapas. Para la primera hay dos caminos alternativos y nosotras escogimos el corto/fácil, de 11 km. Transcurre primero por pista forestal sin dificultad y posteriormente hay una subida entre helechos y un posterior declive hasta el río. El agua, helada, por cierto. Doy fe. La etapa, tal y como la teníamos marcada, termina en el camping que hay un poco más adelante, pero nosotras, continuamos, como he dicho.

Comiendo al lado del río, cerca del camping de Zuriza

Comiendo al lado del río, cerca del camping de Zuriza

A partir de ahí, abandonamos ya Navarra y entramos en Aragón y el Pirineo Central advirtiendo que el paisaje cambia. El verde predominante es sustituido por cumbres peladas y canchales rocosos y los picos ganan altura. El tramo de Zuriza a Selva de Oza comienza en pista, pero dura poco. Enseguida emprendemos una subida prolongada por piedras y vegetación baja. Oímos y vemos a las histéricas pero entrañables marmotas. Me llaman la atención las laderas a rebosar de una especie de orquídea morada que en el mercado de flores de cualquier ciudad seguro que se venderían a millón. Luego, hay una cuesta abajo importante hasta dar con el paraje natural de Guarrinza. Vemos allí bastante movimiento de gente, ya que es accesible en coche. Hay tres o cuatro casas desperdigadas que parecen refugios de montaña. Después de indagar, parece que sólo uno lo es o, al menos, está habilitado para poder pasar la noche. Es de madera, tiene una de las ventanas y la puerta rota, y el suelo hundido en algunas partes. No importa. Lo fundamental es que tiene leña y un hogar que logramos encender entre todos. Aclaro que allí nos encontramos con más transpirenaicos, algunos de los cuales eran ya conocidos. Así que… cachondeo preparando la cena – si se puede llamar así a un engrudo de patata y atún, que fue el plato más sofisticado que probamos -, cachondeo a la hora de prender la hoguera, de irnos a dormir…

Dormimos metidos en los sacos, extendidos estos por el suelo como si fuesen cápsulas de gusanos de seda y sin dejar, entre unos y otros, que se extinguiera el fuego en toda la noche.

De Selva de Oza a Candanchú – Viernes 16 de agosto – 24 km / Desnivel: (+975)(-530)

Salvo por el final (no hay nada más desolador que una estación de esquí en verano), puedo decir que es una que no tiene desperdicio. Salimos por la pista que pasa delante del refugio. Al poco, nos desviamos y empezamos a subir, para descender después hasta Aguas Tuertas, para mí, tal vez el lugar más mágico por el que pasamos estos días: un valle amplio flanqueado por montañones y surcado por un hilo retorcido de agua donde campan a sus anchas caballos y vacas.

Vacas - Aguas Torcidas

Vacas – Aguas Torcidas

Paramos a comer y subimos al Ibon de Estanés. Bordeamos este maravilloso lago glaciar entre colinas. Por otro camino, no el que traíamos nosotras, debe ser bastante accesible porque había un considerable número de humanos por allí. Terminé bañándome en el Ibon y puedo decir que es soportable la temperatura del agua. Descendimos después por un camino muy transitado (es el que va al parking de Sansanet) del que nos desviamos para remontar cruzando previamente un río, bajar, subir…

En Candanchú nos alojamos en el Refugio Pepé Garcés, que en realidad es un albergue. 15,50 € / noche.

Ibón Estanés

Ibón Estanés

De Candanchú a Sallent de Gállego – Sábado 17 de agosto – 22 km / Desnivel: (+920)(-920)

La primera parte de la ruta es cómoda. Desde Candanchú se sigue una pista por el río y a las dos horas más o menos, entras en la Canal Roya. Hasta los ibones de Anayet la pendiente es pronunciada. También había mucha gente en los lagos. Desde los 2100 metros de altitud empezamos el descenso entre familias que suben desde el parking de Formigal, por donde pasamos después, claro. La última parte de la ruta es horrorosa porque discurre 5 km por carretera.

En Sallent nos alojamos en la Pensión Serena (16 €/noche) que tiene un toque rancio pero muy auténtico. Lo peor, es que sólo hay una ducha y el agua caliente se acaba con el primer duchado.

Como colofón a estas jornadas montañeras, las tres cenamos con el resto de la tropa transpirenaica en la terraza del Hotel Balaitus, unos platos combinados bastante aceptables. Y con pena, como siempre que vuelves de la montaña, al día siguiente, regreso a casa. Cogimos autobús de Sallent a Jaca (6,25 €) y de Jaca a Pamplona (8,50 €), donde habíamos dejado el coche.

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