Camino de Santiago en bici – Agosto 2006

Imagen de Belén Cobos

Antes de contar mis experiencias, tengo que decir que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, sobre todo por haberlo terminado y el haberme aventurado a hacerlo yo sola.
Uno de los problemas que encontré antes de comenzar fue el transporte de la bicicleta hasta Roncesvalles. En tren no la puedes llevar a no ser que la desmontes y la embales, cosa a la que yo no estaba dispuesta. Al final opté por ir en autobús desde Avda de América donde la puedes facturar por unos 13 €. Este autobús te deja en Pamplona y desde allí hay un bus a Roncesvalles pero el día que yo llegué no había, por lo que si vais algún día, informaros bien de los horarios de este servicio. Yo tuve suerte y me acoplé a 3 chicos de Toledo que habían contratado una furgoneta para llevar bicis y había hueco para mi.
Hay páginas web donde te aconsejan lo que debes llevar en las alforjas. Mi consejo es que lleves una bici ligera (para cuando tengas que cargar con ella) y elimines todo el peso que puedas de las alforjas, pues luego lo agradecerás.
En cuanto a forma física... pues hay que estar más o menos en forma. Yo no entrené demasiado con la bicicleta, pero suelo hacer deporte durante todo el año y con eso me fue suficiente. Eso sí, no te pongas fecha de llegada ni metas;tampoco planees dónde te vas a quedar a dormir, pues todo depende de las fuerzas que tengas y de lo que te apetezca.
Otro consejo es que os llevéis los perfiles del recorrido, pues varía mucho el tiempo si es terreno montañoso o si es llano.

Roncesvalles-Zubiri (21,5 km)

Llegué a las 6 de la tarde a Roncesvalles y después de comer algo yo me vi con fuerzas para hacer la primera etapa, a pesar de ser un poco tarde. Me planifiqué y vi que el siguiente pueblo estaba a 22 km, y me pareció asequible.
Al principio me pareció un camino fácil, hasta que empecé a subir y bajar montfañas. Por algunos tramos la bici no podía rodar debido a las piedras y a los desniveles tan pronunciados, y me tocó llevarla a hombros. Vi cómo se me echaba la noche encima y por suerte pude unirme a un grupo de Zamora, que por cierto la única que llevaba luz era yo y les vine muy bien. Atravesando montes y bosques llegamos a Zubiri a las 10:30 de la noche. Como todo el mundo estaba ya instalado en el albergue me tocó dormir en un polideportivo encima de un somier sin colchón poco confortable la verdad.

Zubiri – Puente la Reina (44 km)

Me desperté con todo el cuerpo marcado por los muelles, pero al menos sí dormí de puro cansancio. Al salir del albergue, a eso de las 7 de la mañana, vi que otra chica salía sola con su bici, y comenzamos juntas la jornada. Había tramos muy duros para ir con la bici y a veces hasta peligrosos. Antes de llegar a Pamplona las pendientes se suavizaron y los caminos de piedra dieron paso a una especie de carril – bici en mejor estado.
Al llegar a Pamplona dimos una vuelta por el centro histórico (nunca había hecho turismo por una ciudad en bicicleta y me di cuenta de que era genial, pues ganas mucho tiempo). Desde Pamplona empezamos otra vez con la montaña. La chica que me acompañaba tiraba más que yo así que decidimos separarnos. El tramo más duro fue la subida al “Alto del Perdón” a cuya cumbre llegué a las 2 de la tarde, con todo el calor. Como el resto era bajada no me importó seguir, pero no todo fue tan fácil como parecía. Tuve que ir con la bici a cuestas la mayor parte del camino, debido a que estaba todo lleno de piedras. Al terminar el tramo de piedras me dolían muchísimo las plantas de los pies y hasta rompí mis zapatillas por la suela ¡¡quién me lo iba a decir a mi!!! ¡¡yendo en bici y rompiendo calzado por la suela!!! Llegué a Uterga sobre las 3:30 y allí me encontré a mi compañera de viaje, descansando.
Después de comer llegamos las dos a Puente La Reina y ella continuó viaje y yo me quede en el albergue. Allí coincidí con los 3 chicos de Toledo que conocí el primer día.

Puente la Reina – Torres del Río (47,11 km)

Salimos todos juntos (los de Toledo y yo) a las 7 de la mañana. El camino…. bastante difícil para las bicis, todo de montaña y teníamos que bajarnos de la bici en muchos tramos para poder avanzar. En Estella hicimos una parada técnica y aproveché el tiempo para ver el pueblo, que merece la pena. Como el ritmo de mis acompañantes eraa demasiado alto para mi, me separé de ellos y fui por mi cuenta para no retrasarles. Pasé por el Monasterio de Irache, donde hay una fuente de agua y vino, para luego afrontar yo sola otro de los tramos más duros del camino: tramos cuesta arriba con la bici al hombro o empujándola y, como siempre, me pilló en las horas del día de más calor.
Al llegar a un pueblo llamado Luquin me uní a Víctor, un chico valenciano, que llevaba más o menos el mismo ritmo de pedaleo que yo. Antes de llegar a Los Arcos, Victor pinchó y fui yo la que le cambié la cámara de la bici y monté y desmonté la rueda. Un consejo: llevad una cámara de repuesto (cosa que yo no hice) pues ahorraréis mucho tiempo; el pinchazo lo podéis arreglar cuando lleguéis al albergue.
Continuamos hasta Torres del Río y allí nos quedamos a dormir en un albergue.

Torres del Río – Santo Domingo de la Calzada (67,3 km)

Hemos salido del albergue (mi nuevo acompañante y yo), ya desayunados, a las 7 de la mañana. Esta etapa ha sido algo más suave que la anterior, pero al principio ha habido tramos en los que nos hemos tenido que bajar de la bici. Al pasar por Viana, hemos hecho algo de turismo, pues es un pueblo muy bonito, y luego en Logroño nos hemos separado, pues él se iba a hacer turismo y yo ya lo había visto. Aquí, se me ha unido un señor de 60 años y me ha acompañado hasta el pantano de La Grajera y me ha invitado a desayunar. Me contó sus experiencias haciendo el camino en bici ¡¡4 veces!! Todo un personaje digno de recordar.
El siguiente pueblo fue Nájera al que llegué después de alguna que otra subida dura y desde allí a Azofra y después Santo Domingo de la Calzada. Como llegué pronto, aproveché para lavar un poco de ropa y ordenar las alforjas.

Santo Domingo de la Calzada – Burgos (75,3 km)

Al salir del pueblo me despisté del camino por un momento, pero creo que fue el destino el que lo quiso, pues cuando encontré el camino correcto, conocí a los que serían compañeros míos durante el resto del viaje: 3 chicos de Valencia, Oscar, Ricardo y Sergio. Me uní a ellos y con ellos pasé por Belorado, donde se nos unió Javi, un chico de Madrid, con el que pasariamos un par de días. El siguiente percance me vino en la subida del Alto de la Pedraja, donde pinché. El problema no fue el pinchazo, si no que no podíamos desmontar la rueda por lo que tuvimos que arreglarlo con la rueda puesta y eso nos retrasó un poco.
A llegar a Villafranca Montes de Oca un lugareño muy amable me dio aire a la rueda del pinchazo con un compresor y he seguido la dura ascensión al Alto de la Pedraja.
Sobre las 2:30 llegamos a San Juan de Ortega donde comimos, seguimos hacia Atapuerca y luego una buena subida con muchas piedras para variar. La bajada terminaba en Burgos donde fue bastante complicado seguir las marcas amarillas del camino. Como llegamos bastante tarde no había plazas libres en el albergue y nos colocaron en un polideportivo.

Burgos – Carrión de los Condes (82 km)

Salimos los 5 del polideportivo sobre las 6:30 de la mañana, y nos fuimos hacia el centro de Burgos, para hacer un poco de turismo en bicicleta.
El resto del camino ha tenido un perfil mucho más suave que los días anteriores, pero las piedras han hecho mella en mi trasero a pesar de que llevaba 2 culotes.
Pasamos por el Monasterio de San Antón (parada interesante), antes de una breve subida a Castrogeriz. Paramos a desayunar en Villalvilla y allí ayudamos a Javi a arreglar la cadena de su bici, que se le había roto.
Luego hay un ascenso muy muy duro que yo subí la mayor parte del tiempo andando, tanto debido a la pendiente como a las piedras. El descenso también bastante peligroso, por las piedras. El siguiente pueblo que cruzamos fue Frómista, donde paramos a comer para luego seguir hasta Carrión de los Condes, donde nos quedamos a dormir. En el albergue pusimos a punto las bicis (gracias a unos extremeños expertos), lavamos la ropa, etc

Carrión de los Condes – León (91 km)

Esta etapa ha transcurrido en plena llanura castellana: ni una subida complicada, sin apenas árboles y por lo tanto sin sombras y con mucho calor(conviene llevar mucho agua). Pero no fue todo color de rosa… las piedras hacían mella de nuevo en mi trasero.
Pasamos por Sahagún y luego, en Mansilla de las Mulas,llevé mi bici a un taller para que cambiaran las tuercas de las ruedas, y descansamos en la orilla de un río.
La siguiente parada fue León (la entrada por la autopista está bastante peligrosa) donde nos quedamos a dormir. Aquí coincidí con Elia, que hacía parte del camino andando. También salí de tapeo con mis compañeros de fatiga y lo pasamos muy bien.

León – Rabanal del Camino (68 km)

A las 7:30 ya estábamos listos para afrontar la nueva etapa. Parábamos en todos los pueblos a repostar agua… fundamental pues son terrenos muy secos. Nuestra primera parada breve fue en Astorga y aprovechamos para ver la ciudad, con su catedral y su placita. Continuamos hasta Santa Catalina de Somoza donde paramos a comer. Por la tarde llegamos a Rabanal del Camino y nos hospedamos en un albergue muy bonito, todo de piedra. Allí asistimos a una iglesia en la que había “cantos gregorianos”, interesantes, pero fueron como un somnífero para mi falta de sueño. Aquí, coincidimos con unos chicos de Bilbao, los cuales volveríamos a ver casi todos los días durante las etapas posteriores.

Rabanal del Camino – Vega de Valcarce (73 km)

Nada más salir de Rabanal, nos esperaba una muy dura subida a “la cruz de Ferro”, y una bajada peligrosa, que acababa en un pueblo, El Acebo, precioso, en el que os recomiendo que paréis. Después, y siguiendo con la bajada, acabamos en Ponferrada, donde paramos a almorzar y ver un poco el pueblo. El siguiente pueblo fue Villafranca del Bierzo, cuyo camino fue de subidas y bajadas enlazadas. Aquí comimos y reposamos hasta las 5 de la tarde que partimos hasta Vega de Valcarce, donde dormimos.
Hoy sí noté que las piernas estaban un pelín sobrecargadas, pero no quería perder a mis compañeros de viaje, y tenía que sacar fuerzas.

Vega de Valcarce – Sarria (50 km)

Salimos sobre las 7, como siempre, preparados mentalmente para la subida de O´Cebreiro. Este tramo me pareció menos duro que la subida a la Cruz de Ferro del día anterior, pero aún así he coronado con bastante cansancio. Después del pico hay una serie de subidas y bajadas, para coronar en El Alto del Pollo, al que tuvimos que ir por carretera, pues los caminos no eran aptos para la bici. En la bajada hemos pasado por Samos (un pueblo muy bonito) y luego Sarria, donde dormimos. En el pueblo tuvimos problemas para encontrar alojamiento (empiezan a masificarse cuanto más cerca estamos de Santiago) y nos tocó dormir en albergues separados.

Sarria – Melide ( 61 km)

Salimos más o menos a las 7, después de desayunar y montar las alforjas en la bici. Nuestra siguiente parada a almorzar fue Portomarín, ciudad bañada por el Miño, con una iglesia muy característica con un rosetón.
La etapa ha sido bastante dura, pero yo había recuperado fuerzas (no sé de dónde). Pensábamos quedarnos en Palas de Rei pero por problemas de alojamiento tuvimos que irnos hasta el siguiente pueblo, Melide. Como llegamos a las 2 tuvimos tiempo de descansar durante toda la tarde. Era la primera vez que llegábamos a esa hora, y había que aprovechar para tomárselo todo con más calma: duchita, comida tranquila, siesta, pasear, comer pulpo en el típico “Ezequiel”, tomar algo en terracitas y demás.

Melide – Monte del Gozo (47 km)

Muchas guías dicen que esta etapa es una Etapa de Transición, pero ¡¡menuda etapa de transición”. Después del cansancio acumulado de todos estos días, esta etapa es un rompepiernas, subidas y bajadas de pendientes de más del 17 %, en las que nos teníamos que bajar porque no resistían las piernas. En Arzúa uno de los chicos pinchó pero todo salió bien.
Decidimos quedarnos en el Monte de Gozo a dormir porque no había alojamiento en ninguno de los albergues baratos de Santiago. Desde aquí se veía Santiago, rodeado por los incendios que asolaban los montes gallegos en aquellas fechas. Como llegamos pronto al Monte de Gozo, nos duchamos, comimos y cogimos un bus hasta Santiago para pasar la tarde allí, paseando por las calles céntricas.

Monte del Gozo – Santiago (5 km)

Salimos prontito del albergue y como era cuesta abajo, llegamos a Santiago en 15 minutos. Lo primero fue ir a la estación de autobús a comprar el billete de vuelta a Madrid, y luego nos fuimos con la bici a hacernos fotos en la plaza del Obradoiro que a esas horas no estaba demasiado masificada. Dejamos las bicis en la Oficina del peregrino (por 1 € podías dejarla todo el día) y después escuchamos la misa del peregrino, con botafumeiro incluido.
Por suerte para mi, por esos días nuestro amigo Jose Luis estaba en Santiago, así que, le encasqueté la bici para que la trajera a Cobos (en el autobús me tocaba desmontarla y embalarla).
Mis compañeros de viaje partieron a las 5:30 y yo a las 9:30 de la noche en autobús.

Me faltó: cacao labial de protección alta, crema hidratante para tus partes íntimas (acabas con el trasero destrozado), protector solar factor 40 o más, guantes para la bici, llave inglesa, aceite para engrasar la cadena, cámara de bici.

Me sobró: me sobraron 2 camisetas y ropa interior. Lo mejor es llevarse lo justo, pues en todos los albergues puedes lavar cosas y lo más importante es aligerar peso.

Credencial del peregrino: puedes hacértela en Roncesvalles pero yo opté por hacérmela en la Asociación de amigos del Camino de Santiago, en Madrid, C/ Carretas, 14.