A Pamplona hemos de ir

Llegué el viernes 11 a Pamplona bastante tarde, y cuando digo bastante,…es bastante. Me recogieron mis amigos pamplonicas y fui con ellos a dejar los trastos en casa de uno en el barrio de Rotxapea y luego a lo que llaman la peña o la lonja. Claro, a mí si me dicen peña lo primero que se me ocurre es: “local viejo donde se reúnen a beber”. Pues no tiene nada que ver con las peñas de mi pueblo castellano. Es como un txoko vasco. Funciona como una sociedad, en la que pagas una cuota mensual que te da derecho a utilizarlo. Eran doscientos socios, me contaron y tiene un bar, una cocina enorme y un comedor idem. Cenamos allí lo que cocinaron mis amigos, estuvimos un rato de risas, y a acostar.

Sábado 12 mayo

Al día siguiente fuimos hasta Xabier, que está a una tiradita de Pamplona (no sé exactamente, pero tal vez una hora en coche). Hay allí un castillo chulo, pero lo mejor es el entorno, todo muy verde y rodeado de montañas. Después fuimos hasta Leyre, que está al ladodel primero. En las proximidades de este monasterio, en el que todavía viven monjes, está el embalse de Yesa. Comimos en un restaurante cercano que se llama Yamaguchi. Normalito.
De camino a Pamplona paramos en la foz de Lumbier, un paraje natural de rio y montañas. Anduvimos un buen rato por una senda muy llana, atravesando dos o tres túneles excavados en la roca por los que, al parecer, alguna vez pasó el tren y nos mojamos los pies en el río (no puedo evitarlo. Cada vez que veo un río, me descalzo). Volvimos a Pamplona, nos duchamos, nos pusimos nuestras mejores galas y fuimos andando desde el barrio de Rotxapea, una zona nueva a las afueras de la capital, hasta el casco antiguo. Pasamos por lo que llaman el parque fluvial, por el recinto donde meten a los toros de San Fermín unos días antes de los encierros. Ya en el centro, Plaza del Ayuntamiento, la mítica y taurina calle Estafeta y terminamos cenando en un local de la calle Jarauta llamado Oreja. De apariencia es bastante normalito pero está muy muy bien de calidad precio. Nos salió por algo más de veinte euros y cenamos de maravilla. Entrantes y luego cosas como solomillo, chipirones,… y postre. Al parecer la calle Jarauta y algunas de alrededor son los sitios donde están los garitos heavies y, como dicen los pamplonicas, “borrokillas” (por lo de la Kale Borroka). Entramos en uno de esos, de nombre Sua. Alargado, oscuro y con un sonido bastante embarullado. Luego estuvimos en otros de música más variada, en el que puedes oir desde Marea a Bisbal. Uno se llama Kaiso y el otro no me acuerdo. Después anduvimos a una discoteca pero había cola y era un agobio, así que pasamos de entrar y fuimos dando un paseo hasta la Rotxapea otra vez, por diferente camino. Pasamos por una puerta de las murallas, y bajamos por un parque (no me quedé con el nombre. Craso error). Había allí aparatos de gimnasia nuevecitos para las personas mayores y estuvimos haciendo el mono. Allí cerca, me explicaron mis amigos, es donde se reunen, no sé que día del año a hacer caldero, es decir, a cocinar y comer todos juntos. En esto los vascos y los navarros son unos auténticos maestros.

Domingo 13 mayo

El domingo, bajamos otra vez al centro. Pasamos por el Rincón del caballo blanco, desde donde hay unas muy buenas vistas de la ciudad.
Fuimos a la catedral de Santa María, que tampoco es ninguna maravilla, la verdad. Tiene una fachada neoclásica de Ventura Rodríguez, es decir, bastante actual, y además está un poco sucia Me pareció más bonita por dentro. Me hizo gracia, eso sí un letrero de la puerta: “Apague el móvil. Para hablar con Dios no lo necesita”.
Luego nos fuimos de pinchos a la Navarrería, una placilla con una fuente famosa porque en San Fermines los guiris se suben a ella y se tiran hacia la multitud que está abajo. De vez en cuando sale una noticia de que alguno se ha quedado parapléjico en una de estas. En la Navarrería está La Mejillonera, un bareto cuya especialidad es…. tachán! Los mejillones!! Hasta tiene un panel que te explica los distintos métodos de cría del mejillón. Muy rico todo, y las patatas bravas me emocionaron profundamente porque en Madrid “ya no se hacen patatas bravas como las de antes”. (parezco el abuelo porreta). Después de apretarnos unas racioncitas, fuimos a otro que está al lado: Cordovilla y pedimos unos zuritos (lo que viene a ser un corto de cerveza) y unas bolas enormes rebozadas que resultaron ser pimientos rellenos de bechamel, carne y no sé qué más. Rico, rico y consistente. Seguimos la ruta por la Plaza del Castillo, que es mucho más amplia que la del ayuntamiento. Tiene edificios chulos alrededor y un kiosko en el medio. Entramos en otro par de baretos del casco viejo: Ontano y bar Museo, más modernillo que los anteriores y con unos pinchos de diseño expuestos de esos con nombres kilométricos. Pasamos por la iglesia de San Nicolás y luego, ya más alejada del bullicio del centro, la de San Lorenzo, donde paradójicamente, está la imagen de San Fermín y donde el último día de fiestas se cuelgan a sus verjas los pañúelos de los mozos y mozas.
De llí llegamos a la Taconera, otra zona verde, que si algo tiene Pamplona es precisamente eso, parques y zonas verdes. Hay en este parque unos fosos (que antiguamente tenían función defensiva) que se han aprovechado para hacer una especie de zoo. Había patos, cabras, pavos reales, ciervos (aunque no los vimos). Un sitio muy agradable. Al lado, se encuentra otro parque, el de la Ciudadela, en el que hay sólidos edificios defensivos de piedra aprovechados ahora como salas de exposiciones. De regreso a mi “casa de acogida” en la Rotxapea, pasamos por el Baluarte, un palacio de congresos y exposiciones que por dentro, según me han contado, debe estar bien, pero por fuera es un mazacote gris de dudoso gusto estético. Y esto es todo, amigos. Vuelta a Madrid con siestecita en el asiento trasero de mi Xsara entre medias.

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Comentarios

  • Desde Pamplona 21/05/2007 at 23:20

    Hace poco que vivo en Pamplona , o Iruña como dicen aquí , pero después de leer este interesante relato me permito , espero que no le moleste , corregirle alguna idea que nos narra: la Rotxapea es el barrio más antiguo de la ciudad , en el Kaixo ponen desde Miguel Bosé hasta Cicatriz y en los bares de Jarauta no se cena tan bien como dice.
    Espero que la proxima vez que venga por estos lares se traiga una libreta donde apuntar información firedigna de los pamploneses y no haga caso al primero que se encuentre por la calle
    Saludos cordiales

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